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Decidí luchar creyendo

Decidi-800533Cuando te dan la noticia de que tienes cáncer puedes hacer dos cosas, dejarte morir o luchar; yo decidí luchar. Hace cinco años que me diagnosticaron cáncer de mama. En esos momentos difíciles, cuando todos los pensamientos que te vienen son de derrota o de muerte, siempre tuve el apoyo y la fuerza de mi esposo, mi familia y seres queridos, que me han mostrado su fe orando por mí constantemente. Gracias a mi relación con Dios en oración pude prepararme para lo que vendría unos meses más tarde, porque cuando alguien te ama y sabe que vas a tener dificultades, te prepara para poder superar esos momentos; y así fue.

Unos meses antes de que me diagnosticaran el cáncer, caminando hacia mi lugar de trabajo, me crucé por la calle con una mujer que llevaba un pañuelo, y una voz en mi interior me dijo: «te vas a ver así»; pero esa voz no me trajo temor, ni angustia. Estaba tranquila. Al poco tiempo, tras hacerme una mamografía y una biopsia, me citaron para una resonancia. Una vez realizadas todas las pruebas me dieron cita en el hospital para darme los resultados. Esto sucedió en mayo y junio de 2009.

Con tantas pruebas y estudios, ya empiezas a sospechar que puede ser algo malo, pero cada noche y en cada momento de oración, daba gracias a Dios por que Él estaba conmigo. De hecho, la noche antes de ir a recoger los resultados, en mi charla con el Señor, le dije: «Señor, como mañana voy a ir sola, si al entrar a la consulta la doctora me pregunta si vengo sola, sabré que los resultados son malos, pero yo se que tú estás conmigo y voy a salir adelante». Por la mañana mi esposo me dejó en el hospital. Él no pudo quedarse conmigo por causa del trabajo, así que me senté en la sala de espera. Cuando llegó mi turno la enfermera me llamó a la sala de consulta y puse mi mano en el picaporte de la puerta y comencé a abrirla, desde el fondo de la sala escuché la voz de la doctora que decía: «¿Has venido sola?». Aunque no lo creas, me dio risa, sonreí, entré y contesté: «sí he venido sola, pero no estoy sola». Una vez sentada, me miró y empezó a contarme que el tumor era maligno, que había que aplicar todas las técnicas y todos los protocolos, ya que al ser una mujer joven (42 años) había que aplicar todos los tratamientos de forma contundente, para conseguir que llegase por lo menos hasta los 90 años (esas fueron sus palabras). No llegué a entender todo lo que me dijo, ni todo lo que me iban a hacer, pero desde el momento en que abrí la puerta supe que todo saldría bien.

Hace cinco años que me operaron. Pasé todo el tratamiento de quimioterapia y radioterapia, además del correspondiente tratamiento hormonal, continúo con las revisiones anuales y puedo decir que estoy curada de cáncer de mama gracias a Dios, porque me ayudó a ser fuerte y a no perder la fe. En ocasiones me preguntaba que porque me había tocado a mí, soy cristiana desde hace 19 años, no fumo, no bebo, llevo una vida sana; tengo un buen trabajo, una familia preciosa, y no había antecedentes familiares de cáncer de mama, entonces ¿por qué a mí?.

Gracias a mi relación con el Señor pude encontrar la respuesta, y es así de sencilla: porque estoy viva, y como todos en este mundo, estoy expuesta a las adversidades, dificultades, tensiones, contaminaciones, y demás circunstancias que nos rodean. En este tiempo de lucha he podido disfrutar de mi relación con Dios y aprender a tener paz y seguridad en cualquier circunstancia.

Margarita Marcos

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