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Cuestión de fe

¡cuestión de fe!En cierta ocasión volvía a Madrid, España, en un vuelo procedente de Roma. A mi lado iba sentado un hombre que no apartaba la vista de su ordenador, por lo que supuse que estaría trabajando en algún proyecto. Yo, por mi parte, queriendo aprovechar las más de dos horas que duraba el vuelo, tenía ante mí una Biblia junto a un libro para estudiar griego. Me encontraba leyendo, cuando, de pronto, mi compañero de asiento me sorprendió al decirme: «¡Es una cuestión fe!». Puesto que me encontraba leyendo la Biblia, pensé, como es lógico, que se refería a la religión. Sin embargo, comenzó a darme una serie de argumentos sobre el porqué en muchos aspectos la ciencia es una cuestión de fe; en especial en lo que se refiere al origen del universo y las especies.
El hombre sentado a mi lado resultó ser científico; sin embargo, no por ello agnóstico. Al parecer, viajaba constantemente entre las diferentes capitales europeas, dando seminarios y promoviendo proyectos dentro de la medicina.

–¿Cuántos componentes tiene un coche? –me preguntó–.

–Depende de la gama –le contesté­–. Puede que sean unos 30 o 40 mil.

–Bueno, no importa cuantos sean –replicó– ponlos todos en un garaje, coloca junto a ellos explosivos y después, tras hacerlos detonar, confía en encontrar un coche ensamblado y funcionando a la perfección. ¡Es completamente imposible! Nada puede ser creado de manera fortuita. El archifamoso científico Albert Einstein afirmó en cierta ocasión que el azar no existe; que Dios no juega a los dados.

Y así, a lo largo de todo el viaje, mi compañero de vuelo continuó con su interesante exposición sobre las connotaciones religiosas de la ciencia.

Cuestión de fe

–La teoría del Big Bang es una cuestión de fe. Cada uno es libre de creer lo que quiera, pero, por favor, no la presenten en los colegios como una teoría con base científica. Si bien es cierto que las mutaciones existen, con el fin de preservar las especies, nunca esas mutaciones llegarán a crear especies nuevas. Tomemos un ejemplo. En mi barrio, al igual que en el tuyo, los perros persiguen a los gatos y en el peor de los casos los matan. Esto significa, que, en tal caso, los más rápidos serán los que sobrevivan. Pero ni aun pasando millones de años dejarán de ser gatos para transformarse en liebres. Los fósiles deberían ser capaces de probar todo el proceso de evolución, y, sin embargo, no hay eslabones progresivos entre las especies. Por lo tanto, la teoría de la evolución es por entero una cuestión de fe. –concluyó, con rotundidad, mi compañero de asiento de aquel vuelo entre Roma y Madrid.

El cosmonauta Yuri Gagarin fue el primer hombre que viajó al espacio en el año 1961. Siempre se dijo que Gagarin, durante ese vuelo, había declarado no haber visto a Dios. Sin embargo, no existe grabación alguna que certifique esas palabras. En realidad fue Nikita Khruschev, por entonces máximo dirigente de la Unión Soviética, quien dijo en una ocasión: «Gagarin estuvo en el espacio y no vio allí a ningún dios». Otro astronauta, en este caso español, Josu Feijoo, conocido por ser la primera persona diabética en coronar las siete cumbres, visitar ambos polos y viajar al espacio exterior, en una entrevista al periódico La Vanguardia, declaró: «No puedes ser astronauta sin creer en Dios».

La ciencia, por ser lo que es, debe poder demostrar fehacientemente cada una de las teorías que afirma. Sin embargo, a día de hoy, casi todo se mantiene sobre hipótesis. Albert Einstein lo veía de la siguiente manera: «El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia consigue abrir». La Biblia dice: «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía». La fe es es el resultado de las palabras que uno oye; por lo tanto, todo depende de a quién elegimos escuchar.

Para terminar, me gustaría invitarte a considerar estas palabras de Jesús, a la luz de la fugacidad de nuestra existencia en este tambaleante mundo, dentro de la inmensidad de un infinito universo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Ivar Svensson
Pastor evangélico

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